Una curiosidad mía y tal vez
De nadie más,
El brillo de ésta
Es raro.
Los bordes de la izquierda
Tienen un brillo psicodélico
Existencial, solvente, quieto,
Como cuando la luna llena
Aparece por sobre el crepúsculo.
Las cuerdas primeras,
Es decir, la primera,
La segunda y la tercera cuerda,
Tienen un brillo de atardecer tranquilo,
Con un sol que baja y que
Se asegura de que esas tres
Resalten.
El lado derecho,
Casi todo, salvo la parte
Superior,
Está asombrado por una
Oscuridad que dobla
Su cuerpo como lo hace con las noches de
Invierno.
Ésta, respira serena,
Tranquila,
Ella y yo no tenemos apuro
Alguno,
Es algo casi perfecto.
Comprender el mundo
Es más fácil
Cuando se está con
Una guitarra
Ya sea con ella callada
O con ella hablando,
Hasta charlando.
Mis mismas manos,
Mismísimas,
Manos que la recorren,
Manos mismas que tocan
Otras cosas, pero que sólo
Se conforman con tocar
Guitarras y labios, cuerdas y pechos.
Mis mismas manos
Construyen un erotismo
Entre y en
La guitarra y en la mujer.
Un arpegio lento
Conmovedor
Una caricia suave,
Que es pura melodía,
Por el cuello de una señorita.
Una golosina es el amor
Y yo soy un niño
Y sé que con sólo
Estirar las manos,
Mis mismas manos,
Puedo tener esa golosina
Y no cansarme,
E iluminar mis ojos
Con una luz nunca antes vista,
Nunca antes saboreada.
Una nota se mantiene
Va muriendo lentamente
Se va cansando
Llega a su descanso
A su morada
Al silencio.
Un acorde revive
Una vieja melodía reaparece.
A veces los mismos sonidos
El mismo volumen
Aleja todo.
La necesidad de sentir la
Guitarra como un sexto sentido
Es, considero yo, un
Privilegio.
Ahora ya no tiene brillo
Porque el sol se ha ido
Y no hay luces,
Solo un mar dormitando
Pero si prendo alguna luz
Tal vez el brillo vuelva
Pero no será el mismo.
Ese romanticismo
Que posee una música
Una letra
Es increíble.
Y no tiene que ser larga
La música
No tiene que ser larga
La letra
Sólo debe venir del corazón
Que es el único que actúa
Con total sensatez
El único.
El amor es una golosina
Si que lo es.